Ruy, Rodrigo Díaz, El de Vivar, El Cid, Sidi, El campeador, el buen vasallo, el que en buena hora ciñó espada, el de los mil nombres, el de los mil rostros, ya que cada uno se imagina al Cid de una manera. Y quien mejor nos pueden contar su historia son los habitantes de Vivar, los morocisleños, aquellos contemporáneos del Cid, los sin nombre. Esta es la historia del Cid contada a través de sus hermanos, de los que desde que nació hasta que murió no se separaron de su Señor a través de la interpretación de Antonio Campos, acompañado con la música de La Musgaña.

Teatro y Danza
Obra de Teatro
Cid

Ruy, Rodrigo Díaz, El de Vivar, El Cid, Sidi, El campeador, el buen vasallo, el que en buena hora ciñó espada, el de los mil nombres, el de los mil rostros, ya que cada uno se imagina al Cid de una manera. Y quien mejor nos pueden contar su historia son los habitantes de Vivar, los morocisleños, aquellos contemporáneos del Cid, los sin nombre. Esta es la historia del Cid contada a través de sus hermanos, de los que desde que nació hasta que murió no se separaron de su Señor a través de la interpretación de Antonio Campos, acompañado con la música de La Musgaña.

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Descripción

Ruy, Ruy Díaz, Rodrigo, El Cid, Sidi, El campeador, el de Vivar, Rodrigo Díaz de Vivar, el de los mil nombres, el de los mil rostros, el que más esculturas tiene a nivel mundial, ya que del Cid se ha hablado y se hablará mucho; que si fue un héroe, un mercenario, que si amaba a su rey, que si lo odiaba, que si atendía a las parturientas y hasta se ha dicho de él que era un encanto, un ser milagroso casi santo. El caso es que cada uno se imagina al Cid de una manera.
Quien mejor nos pueden contar su historia son los Vivares: aquella mesnada que lo siguió en el exilio; zarrapastrosos, tullidos, ánimas en pena, desechos humanos. En fin, un séquito de batalladores desconocidos; los sin nombre. Este es el cantar de los caminos, un cantar que ha llegado de boca a oído hasta nuestros tiempos. Un cantar que no está escrito, un cantar universal que habla de hombres valerosos y mujeres idealizadas. Un cantar que llega hasta nosotros a través de los hijos, de los hijos, de los hijos de los muertos.
Esta es la historia del Cid contada a través de sus hermanos, de los que desde que nació hasta que murió no se separaron de su Señor a través de la interpretación de Antonio Campos, acompañado con la música de La Musgaña.

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